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"La televisión ha hecho maravillas por mi cultura.
En cuanto alguien enciende la televisión, me retiro y leo un buen tebeo".

(Groucho Marx, de niño)


domingo, 19 de febrero de 2017

Brian Azzarello y Richard Corben: superhéroes, héroes y antihéroes

Hace años, cuando iba al colegio, uno del Opus en el que casi me fríen el cerebro a base de tontadas, aunque también aprendí alguna otra cosa buena, conocí a un compañero, grande como un oso pardo, al que le encantaban los cómics de superhéroes. Más de uno se reía de él pero yo, lógicamente, me acerqué a él con interés ya que compartíamos una afición común. Siempre me han hecho gracia esos tipos  que consideran los cómics como “cosa de niños” pero que alucinan con la serie The walking death o con la última película de Los Vengadores (porque sale la Johanson) y te hablan desde la madurez de quien consume productos televisivos para adultos. Hay que ser gilipollas.
Pues algo de eso nos pasaba a nosotros, cuando siendo niños leíamos cosas de niños y los demás niños, que flipaban con la serie V nos miraban con condescendencia.
Recuerdo que una vez me enseñó un ejemplar que le había costado ¡¡¡2.000 pesetas!!! Me quedé ojoplático ya que lo que más me había gastado en un TBO eran 150 pesetas o 200 a los sumo, y siempre hablando de revistas tipo Mortadelo, Zipi y Zape, Super López o la Penthouse. Eso de gastar en un cómic toda la paga de dos meses me parecía excesivo. Yo me dije que nunca me gastaría aquella suma en un sólo cómic con lo que evidentemente estaba  mintiendo. La cuestión es que entonces me declaré contrario a los cómics de superhéroes. A mí me bastaba con Superlópez y con Pafman. Sólo he sentido cierta simpatía por Batman, quizá porque carece de poderes especiales o quizá porque me flipan el batmóvil y Catwoman - la verdad que no puedo quitarme de la cabeza a Michelle Pfeiffer como Catwoman-. Yo fui uno de los que alucinó con la película de Tim Burton, con Kim Basinger, con la canción de Prince y con el Joker. Seguramente no será la mejor película de Batman, pero yo flipé con palomitas. 
Pues bien, este declarado “no lector de cómics de superhéroes”, bocachancla donde los haya, se tiene que comer sus palabras y claudicar ante la evidencia de que los superhéroes molan... Ahora bien, ha sido necesario pasar por el filtro de Alan Moore o de Brian Azzarello para darme cuenta de ello. Y es que los superhéroes que me gustan son los de Watchmen o los que, con guión de Azzarello, ha dibujado el particular Richard Corben.
Vamos ya al grano. La pareja Azzarello -  Corben son palabras mayores. Estos dos han dado al cómic un punto de vista tan renovador y atrevido que el superhéroe al uso, con mallas de licra y antifaz, se queda pequeño. Y es que sus versiones de Hulk, Cage o de Hellblazer son para quitar el hipo. Bueno, vale, Hellblazer no es un superhéroe, pero encaja aquí de maravilla.
Por un lado, Azzarello propone en las historias una perspectiva oscura y siniestra, como de noche de borrachera por malas calles, en la que los personajes, todos ellos, tienen un lado oscuro y un reverso todavía más tenebroso. Hay una siniestra psicología subyacente en todos ellos, como una especie de historia pasada chunga. Es más, en ocasiones, apetece salirse de la trama principal y sumergirse en la evocación de unas vidas que, aunque no son narradas, están ahí. De este modo, logra transmitirnos el drama de los personajes y hace nuestra su carga a través del relato. Cuesta muy poco conectar con ellos y en apenas unas viñetas nos ponemos del lado de la madre que quiere vengar a su hijita asesinada y que para ello contrata, por 200 míseros dólares, los servicios de Cage, a quien localiza en un bar cutre de lucecitas. ¿Quién, tras esta introducción, tras esta presentación del lugar y de los personajes, puede parar de leer? Lo mismo sucede con Constantine, que nunca me ha caído del todo bien, al que sumerge en la opresiva atmósfera de una cárcel, jungla salvaje en la que conviven alimañas que se despedazan a la mínima. Apenas dos páginas y se le encoje a uno el estómago. Y qué decir del drama vivido por Banner, sometido a su doble y aterradora personalidad, de la que quiere huir a toda costa.
Nadie mejor que Richar Corben para ilustrar esa particular atmósfera de pesadilla. Bueno, algún otro habrá, pero él es uno de los más idóneos. Recuerdo que de Corben lo primero que leí fue el relato “El hombre retorcido”, de Hellboy, que me parece una de las mejores historias de toda la saga del chico del infierno. A partir de ahí, me he ido haciendo cada vez más fan y he ido agenciándome buena parte de su obra. De Corben yo no destacaría su dibujo -porque hacerlo es algo evidente- sino la capacidad que tiene éste de ser preciso en cada momento. Es decir, que cada escena, cada viñeta, cada plano puede dibujarse de otro modo, pero no mejor. Corben acierta en todo momento y muestra lo narrado con total precisión, de manera que nada es casual ni gratuito. Todo tiene un porqué y así es dibujado con el particular estilo del autor, tan tridimensional y volumétrico que logra que sus personajes salgan del plano. Además, Corben no es lineal sino que llena sus páginas de planos diversos, picados, contrapicados, planos generales, primeros planos, detalles sutiles de personas u objetos, que contribuyen a que la narración sea ágil. Y así se produce la fusión, a lo Led Zeppelin, que hace que sus historias tengan una personalidad difícil de igualar y que les da ese punto de distinción que las diferencia del resto.
De este modo, en vez de dedicarse a soltar hostias como panes, en su habitual estilo, Cage penetra en el inframundo de un barrio del extrarradio y analiza una historia de ambición, poder y muerte, sacando al exterior la mugre de unos personajes enquistados en la miseria moral, en el contexto de las luchas de bandas. El Constantine de Azzarello y Corben (Hellblazer. Tiempos difíciles) es menos sobrenatural que en otras ocasiones y se sumerge en un clima de violencia y sexo carcelario, de pastilla de jabón, agua y sangre por el sumidero, que pone los pelos de punta. Claro que echará mano de sus cualidades paranormales para salir adelante, pero sufrirá en sus propias carnes la presión de la hostilidad de los demás reclusos donde impera la puta ley de la jungla. De manera que el relato se convierte en uno de los mejores del género, comparable a La fuga de alcatraz. En Banner, relato que transcurre como un meteorito de rápido, en el que las viñetas y las páginas se escapan literalmente de las manos, asistimos no a la destrucción que acompaña a Hulk, sino a la decadencia existencial del científico, que comprende que la única salida al drama que vive es el sueño eterno. Sobrecogen las dos últimas páginas de la historia.  A todo ello se suma el Punisher, con guión de Garth Ennis, que reconozco no he leído todavía pero que caerá pronto en mis manos.
Lo dicho, tarde pero he llegado a los superhéroes, o quizá mejor héroes, o incluso antihéroes, y si ha sido a través de Azzarello y Corben, pues eso que me llevo. Aquí Julio el del TBO dio en la diana al recomendármelos.






 

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