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"La televisión ha hecho maravillas por mi cultura.
En cuanto alguien enciende la televisión, me retiro y leo un buen tebeo".

(Groucho Marx, de niño)


domingo, 30 de julio de 2017

Camisa de fuerza, de El Torres y Guillermo Sanna

A veces a uno le da por querer pasar un mal rato y decide voluntariamente ir al cine a ver una película de terror, leer una novela de Stephen King o, por qué no, comprarse un cómic como Camisa de fuerza. Es como el que sufriendo de aracnofobia no puede impedir acercarse a las tarántulas en una tienda de mascotas. Hay que joderse lo rara que es la mente humana.
Camisa de fuerza (dib-buks, 2017), con guion de El Torres y dibujos de Guillermo Sanna, es una buena historia de terror. Sin olvidar a los clásicos del género, esta obra conecta con el terror clásico y al mismo tiempo se alimenta de la cultura del terror contemporáneo. Entiéndase que hablamos de un tipo de terror basado en lo sobrenatural.
El Torres, que ya había tratado el tema en El velo, con dibujos de Gabriel Hernández Walta, desarrolla una historia de una enorme intensidad psicológica en la que jugando con guiños a clásicos como Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1976), se aproxima más al asfixiante ambiente de American Horror History Asylum (Ryan Murphy y Brad Falchuk, 2012-2013) y, sobre todo, del cine de terror japonés, con títulos como Ring (Hideo Nakata, 1998), Dark Water (Hideo Nakata, 2002) o Ju-on: The Grudge (Takashi Shimizu, 2004).
El Torres, que reconoce que esta historia no fue bien aceptada cuando fue lanzada en Estados Unidos, pese al posterior éxito que tuvo, se confirma como uno de los indiscutibles maestros del género. Por su parte, Guillermo Sanna, que ya ha trabajado en Deadpool y Daredevil, consolida su espacio en el cómic de terror.  
Camisa de fuerza se centra en Alexandra Wagner, una joven que a los 12 años asesinó a su hermano, también llamado Alex, en un ritual demoníaco y que desde entonces ha vivido ingresada en centros psiquiátricos. En su actual ingreso, en el Hospital Mclaine, uno de los centros privados más prestigiosos que acepta tratar "casos raros", pasa a manos del Dr. Hayes, afamado experto en terapia cognitiva conductual, que tratará de comprender la causa del estado de la joven, a la que se vincula con el denominado "Síndrome Luna", descrito por el Dr. Carrington, que también trabaja en el hospital. La cuestión es que entre Alex (Alexandra) y Dr. Hayes, que tiene un pasado traumático que le postró en una silla de ruedas, se establece una relación de confianza ("do ut des", que no "quid pro quo", en un guiño a El silencio de los corderos) que se verá afectada por los diferentes acontecimientos que rodean a la joven, cada vez más dramáticos, y en los que su hermano asesinado jugará un papel determinante.
Y es que resulta que Alexandra y Alex, desde su más tierna infancia, desarrollaron la capacidad de ver "el otro lado" y a sus habitantes, a los que decidieron combatir enviando a uno de ellos allí a través de un sacrificio ritual. De este modo, los dos hermanos pueden hacer frente a "los que alimentan", seres terroríficos que succionan la cordura de sus víctimas para alimentar a su reina.
En la historia, además de los hermanos Wagner y del Dr. Hayes, tienen cabida otros personajes como el mencionado Dr. Carrignton, autor de la teoría del "Síndrome Luna", una especie de esquizofrenia que hace que quienes lo padecen crean ver la existencia de otra realidad y a las entidades que allí habitan, y que ya aparece en El velo; la directora Gruber, que dedica su tiempo libre a ver porno duro; y Raoul Cimas, humorista que fue ingresado tras un último y brutal número cómico, y que juega un papel determinante. Aparte están "los que alimentan"...
Creo que la historia tiene momentos memorables, como algunas viñetas dedicadas al Dr. Hayes y sus traumas particulares, donde cobra especial protagonismo la estética y el ritmo del cine de terror japonés, así como, sobre todo, las escenas en las que "el otro lado" y sus habitantes se materializan en este lado. Es un acierto el tratamiento general de la historia en blanco y negro y la incorporación puntual del rojo como elemento dramático, así como la distorsión del espacio... Todo un acierto gráfico y argumental.
La cuidada edición de dib-buks incluye un texto de El Torres sobre este proyecto así como portadas y materiales gráficos de otros autores. Un verdadero disfrute aterrorizador. Disfrutarlo mientras yo me quedo "en este lado"...



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